Cuando estrenaba el pasado agosto de 2023 me disponía con ilusión a sacar un mosaico astronómico que me fascina por la variedad de objetos que alberga: una galaxia, una nebulosa oscura, una nebulosa de emisión en HII y otra en [OIII]. 
Estos dos últimos ya los fotografié en el desastroso verano de 2022, pero necesitaba un encuadre ligeramente diferente para encadenarlo a los otros dos, así que preparé exposiciones de diez minutos, muchas exposiciones de seiscientos segundos para sacar a relucir el famoso calamar OU4 dentro de las alas del murciélago Sh2-129. Como el año anterior.
Primera toma. Siempre con la curiosidad de ver como la muestra NINA (el software de adquisición de imágenes) encuentro una mancha verde circular donde solo debería haber la nebulosidad roja de las alas del murciélago ¿qué narices es eso?
Segunda toma. La mancha verde sigue ahí y está claro que no se debe a algún reflejo. Hubo un momento de microinfarto al pensar que el sensor se había ido al carajo e iba a tener para siempre esa mancha en todas las tomas y la imaginación empieza a sopesar si habrá que hacer una nueva serie de darks para calibrar ese manchurrón. 
Tercera toma. Ha pasado la primera media hora y vuelve a aparecer la mancha verde. Espera: se ha desplazado con respecto a las anteriores. Espera: la segunda mancha también se ha desplazado con respecto a la primera. No puede ser que un cometa se esté cruzando en mi camino. Además estoy usando un filtro de doble banda estrecha HII y [OIII] y los cometas suelen emitir en banda C2, la del doble carbono; o el filtro no cumple su cometido o el doble carbono está dentro de la banda de frecuencias que admite el filtro para el oxígeno.

Efectivamente, pero por poco. El doble carbono ionizado emite en longitudes de onda de 511nm y 514nm mientras que el [OIII] lo hace en 495,9nm y 500,7nm; el filtro que utilizo es el IDAS NBZ que permite el paso de la banda C2 en solamente alrededor del 1% de la luz en esa frecuencia, pero suficiente para resaltar el cometa entre las mucho más tenues nubes de OU4, el calamar, por mucho que este emita en la mitad de la longitud de onda permitida por el filtro; al estar el cometa "ahí al lado" de la Tierra (apenas unas unidades astronómicas: en el rango de millones de kilómetros, frente a los aproximadamente 2300 años luz de OU4, trillones de kilómetros) emite luz en muchos órdenes de magnitud más potente que el cefalópodo. Conclusión: diez minutos de exposición ponen al cometa por delante del resto de los objetos del encuadre sin abrasar la toma gracias a ese 1% de paso de luz; si fuera el 100% sería un bloque saturado en la toma. Es el mismo caso de los filtros de densidad neutra que se usan en fotografía tradicional para largas exposiciones en paisajes, por ejemplo.
En fin, que C/2023 E1 (ATLAS) se ha cruzado delante de los sujetos iniciales de mi foto como un molesto turista que estorba cuando tienes el encuadre perfecto.
Son 20 horas de tiempo de exposición repartidas de la siguiente manera y procesadas con PixInsight:
- 48 tomas de 600 segundos en dos noches: la primera con el cometa en la parte inferior del encuadre y la segunda en el lugar donde se encuentra finalmente. Estas se procesaron como si fuera una fotografía de  un cometa para obtener su foto "fija" con el fondo movido.
- 64 tomas posteriores integradas con las anteriores de manera habitual para dar señal al fondo. Al integrar mediante la media de la señal el cometa por tanto desaparece. 
Así obtuve por un lado la imagen del cometa y el fondo del murciélago con el calamar por otro. Tras procesar esta como una imagen de cielo profundo añadí la primera para componer la definitiva. Casi tantas horas delante de ordenador como durante las sesiones nocturnas.
El mosaico queda para otra ocasión.

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